Secuelas del daño cerebral adquirido
Las secuelas que presenta una persona tras una lesión cerebral se deben a muchos factores que actúan de forma conjunta Este hecho hace que para cada persona con una lesión cerebral, sea imprescindible una evaluación individualizada y exhaustiva de las posibles secuelas a nivel físico, cognitivo y conductual-emocional, con especial énfasis en determinar su capacidad de autonomía personal, y por ende, la sobrecarga objetiva y emocional de sus cuidadores. Así mismo, es fundamental la intervención sobre su ambiente, para que éste sea lo más rehabilitador o estimulante posible.
El daño cerebral puede afectar a todas las áreas del funcionamiento del ser humano, ya que desde el cerebro se organizan, planifican y ejecutan todas nuestras conductas. Para una mejor comprensión de las secuelas del daño cerebral, éstas se suelen agrupar en cuatro dimensiones o áreas de afectación, que pueden solaparse en un mismo paciente:
- Déficits físico-motores: Las alteraciones en el sistema motor incluyen alteraciones del equilibrio, alteraciones o incapacidad para la bipedestación (mantenerse de pie), alteraciones o incapacidad para la marcha, limitaciones o alteraciones en el movimiento de una o varias extremidades, o incluso el control del tronco y cabeza en situación de reposo. Otras alteraciones que pueden surgir, relacionadas con el sistema motor y sensorial, son: temblores y sacudidas, falta de sensibilidad y movilidad fina en miembros del cuerpo, e incluso pérdida parcial o total de alguno de los sentidos, como la vista.
- Déficits Cognitivos o Intelectuales: El término déficit cognitivo engloba las alteraciones en las funciones cognitivas o intelectuales superiores. Las alteraciones cognitivas más habituales son déficits de aprendizaje y memoria, déficits atencionales, alteraciones del lenguaje (comprensión y expresión), alteraciones del pensamiento formal (razonamiento lógico-deductivo, resolución de problemas, abstracción) y alteraciones en la regulación de la conducta propositiva o dirigida a una meta (planificación, iniciación, autorregulación conductual). En definitiva, puede verse afectada la capacidad de pensamiento, toma de decisiones y control consciente de nuestra conducta.
- Alteraciones de las Habilidades Comunicativas: En realidad, la alteración de la comunicación suele darse como consecuencia de la alteración de habilidades físicas y cognitivas o la combinación de las mismas. Cuando se trata de alteraciones físicas, se puede producir una alteración de la expresión por vía oral (debido a la pérdida de control de los músculos fonoarticulatorios), escrita (pérdida de control de los miembros superiores) o de la comprensión (pérdida de la capacidad de audición o interpretación de sonidos). Así mismo, existen alteraciones propias del lenguaje que producen la incapacidad para la expresión oral fluida o comprensión oral, a pesar de que el sistema físico-motor permanezca intacto (por ejemplo, alguien que podría hablar, pero no encuentra las palabras). En este caso, se trata de una alteración de los procesos básicos del lenguaje (comprensión, expresión) denominada de forma genérica afasia.
- Alteraciones Conductuales y/o Emocionales: De forma paralela a la presencia de alteraciones cognitivas, y asociada a éstas, es frecuente la aparición de alteraciones conductuales y/o emocionales, que se refieren a los cambios de carácter o en la personalidad del sujeto que su familia refiere tras el daño cerebral. El origen de las alteraciones conductuales se podría considerar de dos formas alternativas: a) Falta de inhibición o freno, lo que causa desinhibición conductual. Ejemplos de desinhibición son todas aquellas conductas irreflexivas, como hacer o decir todo lo que se le ocurre en un momento dado, sin considerar si es apropiado o no, o si molesta a los demás; realizar una conducta a pesar que supone ponerse a sí mismo o a los demás en riesgo; comer o beber compulsivamente; repetir una conducta o un comentario reiteradamente; no respetar las normas sociales ("tomarse excesivas confianzas"); ser más cariñosos de lo habitual; intervenir en las conversaciones en el momento o del modo inapropiado; gritar; etc. En ocasiones, esta desinhibición provoca conductas física o verbalmente agresivas. De forma alternativa, algunas personas con daño cerebral presentan un b) Exceso de inhibición o freno, o pobre iniciativa conductual: en este caso el paciente muestra rasgos de apatía, como no iniciar actividades si no se le piden explícitamente; no disfruta tanto de las cosas que antes le gustaban, tiene sensación casi constante de agotamiento y letargo; y a nivel afectivo, apenas expresa las emociones o se observa un mínimo cambio en su estado emocional, salvo aparentar estar triste.
Estos son los cambios más frecuentes a nivel conductual. A nivel emocional, es posible que la persona con daño cerebral se encuentre más irritable, impaciente, con explosiones súbitas de ira; síntomas de depresión, desánimo, o que se produzca el fenómeno que los profesionales denominan labilidad emocional, que consiste en que la persona con daño cerebral tiene más cambios (alti-bajos) emocionales, y sobre todo se vuelve emocionalmente más sensible.
Finalmente, una característica muy frecuente de las personas con daño cerebral, es que éstas no sean conscientes de los déficits o dificultades derivadas de la lesión cerebral (anosognosia), especialmente cuando se trata de alteraciones cognitivas y emocionales. Si aparece este síntoma, frecuentemente la persona afectada rechaza la ayuda o dirección de quien le supervisa, lo que dificulta su cuidado y rehabilitación.